La obertura se encuentra normalmente al principio de una ópera o de alguna obra dramática similar. A finales del siglo XVII, el compositor Jean-Baptiste Lully desarrolló la llamada «obertura francesa¨, que comienza con un lento movimiento rítmico característico al cual sigue un rápido sector fugado, que a su vez desemboca en un final lento.

Esta forma estándar fue adoptada por muchos compositores europeos, entre los que se encuentra Johann Sebastian Bach. La obertura italiana se opone a la francesa como el agua al fuego, pues en esta última dos tiempos rápidos enmarcan un movimiento lento.

Aparte de esto, el término ¨obertura» también se empleaba en el barroco para referirse a una suite completa, es decir, con una introducción y todos los tiempos de danzas subsiguientes. Por ejemplo, las cuatro suites orquestas u oberturas de Johann Sebastian Bach.

En el siglo XIX la obertura se libera de su función introductoria original. Además de la obertura que sirve de introducción a la ópera, se desarrolla la obertura concertante, que transmite en muchas ocasiones contenidos programáticos, es decir, extramusicales.

La famosa obertura Las Hébridas de Felix Mendelssohn es, por ejemplo, una narración de sus impresiones personales sobre algunos viajes. La Obertura para un festival académico de Johannes Brahms fue compuesta como agradecimiento por la concesión del título de doctor honoris causa por la Universidad de Breslau. Max Reger compuso un Prólogo Sinfónico a una tragedia para la sala de conciertos, y así, la lista de oberturas concertantes podría hacerse interminable.

Fuente: El ABC de la Música Clásica. Eckhardt van der Hoogen.

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