La forma sonata es la figura arquitectónica más importante del período clásico (y del romántico). Su estructura en tres partes va cristalizando paulatinamente a través del siglo XVIII, e incluso se puede encontrar en algunas obras de nuestros días. Un movimiento en forma de sonata está compuesto normalmente por dos temas opuestos (construcción melódica), de los cuales el primero se presenta en la tonalidad base de la composición (tónica), mientras que el segundo va en la dominante (tónica), mientras que el segundo va en la dominante (un intervalo de quinta más alta).

A esta primera parte, llamada «exposición», le sigue el «desarrollo», en el cual el compositor puede probar diversas combinaciones utilizando el material de los dos temas.

Al final encontraremos la «reexposición», que repite la exposición pero con un cambio fundamental: ahora se tocan los dos temas en la tónica. Puede continuarse con una «coda», que pone punto final al movimiento. Esta forma sonata la encontramos especialmente en los primeros movimientos de sinfonías, conciertos, sonatas, etcétera, aunque hay también suficientes ejemplos de movimientos lentos y finales con la forma sonata.

Un ejemplo de su utilización en el primer movimiento lo encontramos en la sinfonía núm. 1 de Ludwing van Beethoven, que en un principio obedece al mismo sistema: después de una introducción lenta sigue el primer tema, y luego el segundo; la exposición termina con una repetición del primer tema; aquí también se repite la primera parte de la forma. Después del desarrollo encontramos la reexposición, y finalmente se cierra el movimiento con una coda.

Fuente: El ABC de la Música Clásica. Eckhardt van der Hoogen.

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