III. Música de cámara.- En la producción mozartiana tienen especial importancia los cuartetos para dos violines, viola y violoncelo. Compuso veintisiete, más un Adagio y Fuga; dos con flauta, en vez del primer violín, y uno con oboe. El I Cuarteto nacido en suelo italiano, lleva la fecha de 1770, y tiene cuatro tiempos: Adagio, Allegro, Minueto y Rondó, el último de los cuales, al parecer, fue añadido posteriormente. En 1772 siguen tres Divertimentos, siempre para cuarteto de cuerda, en tres tiempos, y otros seis cuartetos, en tres tiempos también, donde se revela ya mayor destreza.

Durante su breve estancia en Viena, en septiembre de 1773, Mozart compuso seis cuartetos en cuatro tiempos. Según Jahn, cabe sospechar que, encontrándose aquél en dicha capital, donde prevalecía la música de cámara, se esforzó en satisfacer el gusto de esos centros musicales. Estos cuartetos aúnan la capacidad técnica y una gran intensidad inventiva con una tendencia incesante a la elaboración contrapuntística. El primero y el sexto concluyen con sendas fugas.

En el decenio siguiente aparecerán la obras maestras de Mozart en este género. Los seis primeros cuartetos, publicados en 1785, pertenecen al período de su madurez y en el que prestó suma atención a la música de cámara. Fueron dedicados a Joseph Haydn, en quien Mozart veía su verdadero maestro en el arte de escribir cuartetos.

Precisamente los compuso entre 1782 y 1785, o sea, entre El rapto del serrallo y Las bodas de Fígaro, es decir, en el mismo período, aproximadamente de sus mejores conciertos para piano y orquesta. En estos cuartetos revela Mozart algunas de las mejores facetas de sus capacidades artísticas. Haydn, con sus modelos, le mostró el refinado arte de elaborar los temas, pero él hizo algo propio, personal, por asimilárselo en perfecta armonía con su temperamento. Así resultó una admirable forma de expresión lírico-sinfónica que vibra ya con fuego romántico. El segundo motivo del I Cuarteto terminado en Viena el 31 de diciembre de 1782, posee una deliciosa gracia melódica. Y es particularmente notable el movimiento final, que desarrolla una fuga, de elaboración poderosa y de efecto placentero, sobre un tema favorito de Mozart. El cuarteto No. 2 alcanza una cumbre del arte mozartiano.Nos sitúa en el ambiente de la emoción romántica, y parece que oímos a Schubert.

La inagotable vena cantante, aparece siempre dominada y tersa, hasta en el segundo motivo. El trabajo temático va conducido con esa amplitud y viveza que caracterizan al verdadero Mozart, y así, pus, en todo momento surge una sonoridad compleja y llena, pero cristalina y espléndida en su transparencia lúcida.

Brilla también con románticos fulgores el Cuarteto No. 3 cuyo tiempo inicial oculta en sus pliegues rítmicos algo que nos recuerda el Quinteto de Schumann.

A esto sigue el Andante con moto, que es una linda y reflexiva romanza. Tiene más gracia y serenidad el No. 4 conocido también con el nombre de cuarteto de la caza, dado el carácter vivo del tema inicial. Su Adagio, uno de los más bellos de Mozart, rebosa melodismo y lírico recoguimiento. Los números 5 y 6, revelan una compleja y profunda concepción del sentido expresivo. Sobre todo el último, terminado en Viena el 4 de enero de 1775, merece la más viva atención, desde este punto de vista, y sin duda, su Adagio introductivo debió servir de modelo a Beethoven en el op. 59 No. 3. Este cuarteto mozartiano es una de las composiciones más vigorosas y densas de conflictos interiores, calcados en el armónico ideal de la forma. Por el contrario, el siguiente Cuarteto, terminado el 19 de agosto de 1786, hizo concesión al gusto corriente y corresponde al tipo de la música de sociedad, es decir, de una música adecuada a una moda y un ambiente, de los que Mozart se había separado por completo en las precedentes composiciones del mismo género.

Escribió Mozart los tres últimos cuartetos por encargo del rey Federico Guillermo II de Prusia, a cuyas reuniones musicales había quedado admitido el compositor durante su residencia en Berlín y en Postdam, en la primavera de 1789.

Como el rey era violoncelista, Mozart, en estos cuartetos, dio al violoncelo un relieve preponderante; así con frecuencia, lo lleva hacia lo agudo, en partes melódicas, mientras que la viola y el segundo violín, hacen el acompañamiento o presentan rellenos armónicos. El tiempo inicial del primer Cuarteto, en re mayor, es un Allegro que desarrolla temas vivos y melódicos de singular belleza; el segundo, desarrolla el movimiento inaugural en un gracioso tiempo de minueto. En esta obra resalta el Larghetto, una magnífica romanza donde el violoncelo efunde un palpitante espíritu cantable, y ya parece oírse aquel estremecimiento y aquel calor propios de la música vocal, como si la palabra palpitase escondida en los pliegues de la melodía: el canto de Rossini o de Bellini. Requiere un singular virtuosísmo de ejecución el III Cuarteto, notable por su gran viveza y movimiento, rebosante de espíritu rítmico y finos acordes.

Finalmente, el Adagio y fuga corresponde a dos momentos distintos: la fuga compuesta para dos pianos en 1783; arreglada para cuarteto de cuerda, le adicionó Mozart un Adagio compuesto en 1788, que es un número singularmente notable por su variedad y profundidad armónica.

En la música de cámara mozartiana tienen primordial importancia los ocho quintetos para dos violines, dos violas y violoncelo, siendo los más interesantes aquellos cinco aparecidos entre 1782 y 1791. En el principio del Quinteto en do mayor, la viveza y el impulso del movimiento temático hacen pensar una vez más en Beethoven, y por otra parte, la apasionada cantabilidad del Quinteto en sol menor y el íntimo recogimiento melódico del dramático Adagio en re mayor, respiran espíritu y formas de marca beethoveniana. El último Quinteto, en mi bemol, presenta interesantes desarrollos armónicos, como por ejemplo, en el Andante que es una especie de gaviota variada. Ofrece interesante pormenor la gustosa elaboración cadencial del acorde de séptima dominante.

Mozart compuso más obras para su ejecución de cámara, con varias combinaciones instrumentales: siete tríos para piano, violín y violoncelo; un trío para clarinete, viola y piano; dos cuartetos con piano, un cuarteto para piano, oboe, clarinete, trompa y fagot.

La rica producción sonatística de Mozart comprende 35 sonatas para piano y violín, 17 para piano solo, 13 para instrumentos de arco y órgano, y una para dos violines, violoncelo, contrabajo, dos oboes, dos trompas, trompetas, timbales y órgano.

Fuente: Historia de la Música. A. Della Corte – G. Pannain.

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